CON EL DIABLO DENTRO

Ya lo decía su madre: “Es un verdadero demonio el chiquito este…” Y era que el niño hacía destrozo y medio, destripaba sus juguetes, salía a la calle y corría por la cuadra tocando timbres e incordiando a los vecinos, lo que produjo quejas y le valió más de una reprimenda y castigo …

Creció y siguió con lo que él llamaba “bromas”, pero que no causaban gracia, sino molestias y fastidio; no es que tuviera amigos, pues los que hubieran podido serlo, se ahuyentaban con su carácter irascible. En ningún trabajo duraba mucho por sus raptos de furia, que acabaron muchas veces en peleas y golpes …

Vivía solo y una madrugada despertó sintiendo algo extraño, fue automáticamente al baño, encendió la luz al entrar y se vio en el espejo que estaba sobre el lavabo, pero no era él, sino un personaje que sonreía y le brillaban los ojos; entonces oyó una risa contenida y una voz sardónica que decía: “¡Por fin estoy afuera…!” Pestañeó, pensándose dormido y en el espejo se reflejaba su cara …

Regresó a su cama, intrigado por lo que había creído ver y escuchar, quedándose dormido. Ya no despertaría nunca …

 El demonio, libre, salió a la noche, sonriendo, para buscar otro individuo, de preferencia un niño …

Manolo Echegaray.

Imagen: https://www.pngwing.com

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