TEMPUS FUGIT by Manolo Echegaray

Dijo “Hoy lunes…” pero su hijo le corrigió: “¡Es jueves, papá…!”; iba a replicar y se quedó pensando, porque si eso era verdad, significaba que había perdido un lunes, un martes y un miércoles… ¡Tres días completitos! Un vacío se extendió ante él y cerró los ojos. Antes no le hubiera dado importancia, pero desde su último cumpleaños sintió que envejecía y el tiempo se volvió muy valioso. No quería perder ni un segundo para aprovechar los días que le quedaran…

¡Tres días menos…! Y lo peor era que varias veces ya, en otras ocasiones le habían corregido, porque se equivocaba de día y pensó que, si hubiera sumado los días, tendría un montón de tiempo menos por vivir y se sintió más viejo todavía…

De pronto se explicó los dolores de espalda, el frío insoportable y los otros fallos de su memoria, como dónde había dejado las llaves de la casa, o lo que iba a decir y no se acordaba. ¡Era el ataque silencioso de la vejez, esa enemiga que siempre le dio miedo y ahora no solamente le mordía los talones, sino que alcanzándolo le recorría el cuerpo, como buscando un sitio apropiado para anidar…!

Miró a su hijo, que leía el periódico a la luz de la lámpara y medio que lagrimeó, mientras se le hacía un nudo en la garganta y no pudo reprimir un suspiro; el hijo le preguntó, sin dejar de leer, que, si le pasaba algo y el negó con la cabeza, aunque en realidad, imaginaba al chico, huérfano…

El chico, que tenía treinta años.

Imagen: https://es.123rf.com

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