EL ARMARIO by Q.Molina

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Para evitar ser torturado, me encierro, como tantas otras veces, en el armario de la habitación de mis padres. Aprendí a cerrarlo por dentro, por eso nunca han podido encontrarme. De esa manera, no despliegan sobre mi cuerpo su amplio catálogo de abusos.

Es muy antiguo y valioso, dice papá, tiene gruesas paredes de una oscura madera tropical de nombre africano. Había sido de los abuelos. Dentro reina el silencio, es mi refugio, mi gruta acogedora. El fondo es mi rincón preferido, protegido tras una oscilante muralla de abrigos, chaquetas, vestidos largos y gabardinas. Me siento en el suelo apoyando los brazos sobre las mantas y las almohadas para los invitados, como en un sillón. A veces tengo la sensación de que me vuelvo invisible.

La oscuridad es casi absoluta, solo un dorado haz de luz se filtra a través de un nudo ambarino y traslúcido de la madera. El rayo luminoso es una galaxia poblada de infinitas partículas de polvo, en viaje desconocido, moviéndose perezosamente. Me gusta soplarlas, a veces suavemente, otras con fuerza, desencadenando el caos en aquel pausado mundo. Entonces, las moléculas se agitan rápidas, sin control, como un banco de peces asustado. Cuando el rayo de luz desaparece, sé que ellas continúan allí, flotando eternamente, sin prisa, en un viaje desconocido.

Las bolas de alcanfor en los bolsillos, como canicas de un juego olvidado, impregnan con su olor la reducida atmósfera. Pese a ello, mi nariz distingue el inconfundible aroma dulzón del perfume de “flores” de mamá, y el más áspero de la colonia “de madera” de papá.

Mis manos, en aquel oculto mundo textil, conocen sin ver cada pieza de tejido que tocan, como los peces ciegos de las profundidades: la piel de los abrigos de invierno, la lana mullida de las chaquetas y suéteres, la suave seda, el lino fresco y la tosquedad del algodón. Lo más desagradable es el frío tacto de los impermeables, como el de aquel sofá viejo que tuvimos, de escay, que daba repelús sentarse en invierno. A veces mi mano avanza ondulante entre las prendas colgadas, asciende y rodea los costados como un tiburón buscando comida y se sumerge en los abismos de los bolsillos buscando tesoros perdidos, esperando encontrar algún Chupa Chups, caramelo ó un dulce olvidado. La exploración casi siempre es infructuosa. Decía el abuelo que había que tener paciencia para pescar, y yo tengo, aunque siempre atrapo lo mismo, una o dos bola de alcanfor, o una bolsita de lavanda. Son los talismanes protectores de la cueva, mantienen alejadas a las polillas pero no poseen ningún poder contra las pelusillas que flotan en su lento viaje por el rayo de luz.

Ya están ahí, se acercan. Oigo las voces llamándome, primero dulcemente, pero a medida que el silencio es la respuesta a sus gritos, estos aumentan de intensidad y la rabia puede palparse en el aire.

—Joaquiiiiiiínnnn —se oye la voz de papá…

—Joaquiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiín —es la de mamá, más cerca.

Los pasos se detienen y se oye la respiración jadeante de mamá tomando aire en el descansillo tras subir de la cocina. Mi padre la alcanza.

—Ves, ya te digo yo que lo has malcriado, tanta autoestima, independencia y tratarlo como a un adulto y mira lo que hemos conseguido, ni puto caso nos hace —dice él.

—Claro, ahora va a ser culpa mía, te recuerdo que lo hemos educado entre los dos.

—Desde luego, pero todo por escucharte a ti. Tú tienes más culpa, porque si por mí fuera, ya le habría inculcado disciplina, pero de la buena —añadió él.

—Tú todo lo arreglas así, una bofetada y ya te parece que lo entiende todo. Es un niño —replica mamá con esa voz lastimera que usa cuando me quiere—. Y, además, en vez de tanto viaje de negocios, más te valdría dedicarle tiempo a tu hijo, llevarlo algún día de pesca como hacía mi padre. Lo adoraba.

—Tú sí que no sabes de lo que hablas. Tu padre estaba jubilado, yo tengo que viajar mucho para poder traer un sueldo a casa.

—¿Y qué me dices de Rodrigo? Él lleva los mismo años que tú en la empresa y ha solicitado quedarse en la central en vez de recorrer la carretera. Tú también podrías solicitarlo, si quisieras —le contesta ella.

—Lo que pasa es que no me entiendes. Yo no soy hombre de despachos, me agobian y… y, además, no cambies de tema. —Se detiene como pensando algo y concluye—: Lo que tenemos que hacer es que este niño haga lo que se le dice y no se salga con la suya. Más disciplina y se acabó.

—Ya hablaremos —dice mamá. La oigo alejarse.

Oigo los pasos presurosos e indignados de él y escucho el crujido de sus rodillas al doblarse sobre el parquet. Está mirando bajo la cama.

Me acurruco encogiéndome aún más tras el abrigo nuevo de papá, el que había llevado la semana pasada a aquel congreso en el extranjero. Un resoplido precede a otro crujir de rodillas y las pisadas se alejan en otra dirección. Las voces que pronunciaban mi nombre van empequeñeciéndose hasta hacerse casi inaudibles, como los truenos al alejarse las tormentas. Vuelve la calma. En aquel remanso de silencio, mi mano se percata de que el nuevo abrigo es terreno desconocido, no reconoce su forma, ni textura al tacto. Ante el aliciente de encontrar algo que merezca la pena, la mano aletea en busca de los bolsillos, buceando en su interior. Nada, ni en uno ni en el otro lado. Solo falta el bolsillo interior, el del corazón. Estirándome sobre las rodillas, alargo el brazo y mis dedos se hunden en aquel liso y sedoso agujero. Nada interesante tampoco, solo un pequeño y fino papel liado. Lo alzo con las manos, alisándolo hacia el rayo de luz, creando una turbulencia en aquel tranquilo mundo, como un monstruo surgiendo de las profundidades. Leo: Le plaisir sans fin, club privé. También hay una dirección y un nombre anotado a mano, Monique, y un teléfono. No entiendo, es extranjero. Lo voy a dejar nuevamente en su sitio, pero fuerzo la mano que se encalla en el estrecho bolsillo. Tironeo y la percha y el abrigo caen. Un golpe sordo y seco inunda aquel silencio de clausura. Retengo la respiración, oigo unas pisadas fuertes, firmes y rápidas. No me da tiempo a taparme bajo una manta.

(¡No te lo pierdas! Continuará y concluirá el viernes 20 de Mayo)

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